El estres y la prueba del detector de mentira

Posted Posted by Jose Antonio in Blog     Comments No Comments
mar
25

¿Cómo reaccionamos ante el estrés?

¿El Maquina de la verdad detecta el estrés?

El estrés es un hecho habitual en nuestras vidas.
No puede evitarse, ya que cualquier cambio al que debamos adaptarnos representa estrés.

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Sin embargo, al pensar en hechos estresantes, siempre acuden a la mente sucesos negativos como daño, enfermedad o muerte de un ser querido, sin tener presente que un suceso positivo puede resultar igualmente estresante; así, cambiar de casa o ascender en el trabajo traen consigo el estrés de un nuevo estatus y de nuevas responsabilidades. Incluso enamorarse puede representar, para algunas personas, el mismo grado de estrés que romper una relación de este tipo.

Nuestras experiencias estresoras provienen de tres fuentes básicas:

1.    Nuestro entorno

2.    Nuestro cuerpo

3.    Nuestros pensamientos.

El entorno nos bombardea constantemente con demandas de adaptación, viéndonos obligados a soportar el ruido, las aglomeraciones, las exigencias que representan las relaciones interpersonales, los horarios rígidos, las normas de conducta y muchas otras amenazas a nuestra seguridad y autoestima.

La segunda fuente de estrés es fisiológica: los momentos difíciles que representa la adolescencia, el envejecimiento, la enfermedad, los accidentes, las restricciones de la dieta, los trastornos del sueño, etc., todas son circunstancias que afectan al organismo. Las amenazas que provienen del ambiente también producen en nuestro cuerpo unos cambios que son estresantes por sí mismos. Así, nuestra forma de reaccionar ante los problemas, las demandas y los peligros viene determinada todavía por una actitud innata de ´´lucha o huida´´ heredada de nuestros antecesores más primitivos. Como resultado de este proceso, poseemos dentro de nuestro entramado bioquímico la tendencia innata a prepararnos para luchar o para huir siempre que nos sentimos amenazados.

Cada vez que se emite una respuesta de este tipo, tienen lugar en nuestro organismo, de modo esquemático, los siguientes cambios: cuando los estímulos que nos llegan son interpretados como amenazantes, los centros de regulación dan al organismo la información que le conducirá a enfrentarse o a escapar de la amenaza.

 

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Este proceso se traduce en una serie de cambios físicos observables, así, por ejemplo, las pupilas se agrandan para mejorar la visión y el oído se agudiza. Los músculos se tensan para responder al desafío, la sangre es bombeada hacia el cerebro para aumentar la llegada de oxígeno a las células y favorecer así los procesos mentales que están ocurriendo. Las frecuencias cardíacas y respiratorias aumentan, y como la sangre se desvía preferentemente hacia la cabeza y hacia el tronco, las extremidades, sobre todo las manos y los pies, se perciben fríos y sudorosos.

Si no se libera al organismo de estos cambios ocurridos durante la fase de reconocimiento y consideración de la amenaza, se entra en un estado de estrés crónico. Cuando uno se siente estresado y se añade aún más estrés, los centros reguladores del cerebro tienden a hiperaccionar ocasionando desgaste físico, crisis de llanto y, potencialmente, depresión y muerte.

La tercera fuente de estrés proviene de nuestros pensamientos. El modo de interpretar y catalogar nuestras experiencias y el modo de ver el futuro pueden servir tanto para relajarnos como para estresarnos. Por ejemplo, una mirada agria del jefe puede interpretarse como reprobatoria de nuestro trabajo y provocar, por tanto, ansiedad, o bien entenderse como un signo de cansancio y de preocupación por problemas de índole personal y no resultar motivo de temor.

No se puede escapar de todas las situaciones estresantes que hay en nuestras vidas ni evitar completamente nuestra respuesta innata a las amenazas, pero si podemos aprender a contrarrestar nuestras reacciones habituales al estrés, aprendiendo a relajarnos. La respuesta de relajación es la opuesta a la de estrés, y es la que devuelve al organismo su estado natural de equilibrio. Así, las pupilas, el oído, la presión de la sangre, los latidos del corazón, la respiración y la circulación, vuelven a la normalidad y los músculos se relajan

El polígrafo mide los cambios que se producen en la respiración, actividad electrodermal, presión arterial y ritmo cardíaco ante las diversas preguntas planteadas.

Estas respuestas se generan ante determinadas preguntas que se realizan al sujeto sometido a la prueba.

En los polígrafos actuales estos datos se pueden ver reflejados en la pantalla de un ordenador, para que puedan ser interpretados por un experto (por tanto sería el poligrafista el verdadero detector de mentiras).

La aplicación de una prueba del polígrafo conlleva la elaboración previa de un cuestionario de preguntas.

La persona que lleva a cabo la prueba debe estar formada en el ámbito de la entrevista policial, y del interrogatorio, y haber establecido de antemano 3 tipos de preguntas diferentes a lo largo del cuestionario: preguntas irrelevantes,  preguntas relevantes y  preguntas control.

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