UN ASESINO SOMETIDO A LA MÁQUINA DE LA VERDAD

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GRANADA 1997. Primer caso en la historia de España en que la Máquina de la Verdad accede a un Centro Penitenciario para evaluar la credibilidad del testimonio de un preso acusado de asesinato. La iniciativa fue tomada por la defensa de José Parejo Avivar en un intento de aportar pruebas que rebajasen la acusación de asesinato en primer grado que pesaba sobre su cliente.
Se trataba de analizar con detalle cómo se desencadenaron los hechos que provocaron la muerte de Ana Orantes, madre de los ocho hijos del acusado, en realidad tuvo tres más pero fallecieron. La petición de que un detector de mentiras entrase en prisión supuso una novedad en el ambiente jurídico español. El juez la aceptó después de varias consultas, fue así como durante dos días de trabajo José Parejo sudó la gota gorda ante el polígrafo del único experto con reconocimiento nacional, José Antonio Fernández de Landa y de un psicólogo experimentado, Gualberto Buela Casal. El catedrático de Psicología de la Universidad de Granada, quien después de asistir a las confesiones por parte del acusado, reconoció la utilidad del polígrafo en interrogatorios criminales.
La víctima, Ana Orantes, fue una mujer coraje, que denunció ante las cámaras del programa de televisión “De Tarde en Tarde” – Canal Sur, el maltrato continuado, físico y psicológico, que venía sufriendo durante los últimos cuarenta años.
La mañana del 17 de Diciembre de 1997, dos semanas después de atreverse a denunciar a su ex marido públicamente, Ana sería asesinada en la puerta de su casa, quemada viva tras haber sido rociada con gasolina. Su asesino, José Parejo Avivar, no superaría la prueba del polígrafo, es más, reconocería ante el detector de mentiras haber premeditado el crimen e incluso un extenso historial de agresiones anteriores. Siendo condenado a 17 años de prisión falleció en la cárcel antes de terminar de cumplir la pena.
Poco tiempo después la muerte de Ana sería aprovechada con intenciones electoralistas por el gobierno de Rodríguez Zapatero, su ministro de Justicia Juan Fernando López Aguilar se empecinó en promulgar una Ley de Violencia de Género a sabiendas de que era injusta por varios motivos, y que entre otros defectos cuenta además con el talón de Aquíles de las denuncias falsas. Paradójicamente López Aguilar sufre en estos momentos las consecuencias de su legado. Desde aquí invitamos al Sr. ex ministro a someterse al detector de mentiras, como lo hacen algunas víctimas –no aforadas- de su Ley.
Por otra parte, doce años después del asesinato de Ana, su propio hijo, Jesús Parejo Orantes, fue condenado a 15 meses de prisión por malos tratos. Su mujer le denunció por una agresión, le tuvieron que escayolar la muñeca.
Jesús no se cansa de repetir que él no es como su padre, que no ha heredado sus manos largas. Ante tal afirmación esta pregunta parece obligada ¿Se atrevería a someterse al detector de mentiras tal y como lo hizo su padre, el asesino de su madre?
Nos queda mucho por hacer, afirman los expertos. La muerte de Ana Orantes sirvió para legislar, en un intento desesperado por frenar los malos tratos, un problema social que va más allá de las frías estadísticas de la violencia entre hombres y mujeres.

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